miércoles, 24 de febrero de 2016

(Enseñ. etc. / Filos. en Bto.) De una clase de filosofía de 1º de bachillerato

Cosas surgidas el jueves 14.11.2013
en la clase de filosofía de 1º (bto.) A
del Instituto de E. S. “El Portillo” de Zaragoza
           

A propósito de una proposición de las que llamábamos universales afirmativas,
“Todos los hombres son mortales”, lo primero nos hemos preguntado entre todos cómo podría formularse en un lenguaje más corriente, y han salido frases como “Todos moriremos”.(Y, aunque en clase no lo hemos dicho, de esas dos formulaciones, la culta y la corriente, es la corriente la más fiel al modo como la cosa se nos presenta[1]: ¿qué es eso de “los hombres” o, menos aún, “el hombre”?; por lo menos habría que investigarlo. Mientras que “todos nosotros” está claro quiénes somos: los que lo decimos, los que hablamos, ¿no?; los hablantes.) Nos hemos preguntado entonces por el valor de verdad de esa proposición, y hemos tenido que reconocer que era verdadera. Ello nos ha dado pie para descubrir algo un tanto paradójico (señal, por cierto, de que nos estábamos ya metiendo en el elemento de la filosofía, que si algún carácter distintivo tiene es el de la paradoja[2]), que es lo siguiente: la proposición “todos moriremos” está en futuro, lo futuro “está en el aire” (nadie ha visto ni ve nunca nada futuro, pues si lo viera se le habría presentado y le sería por ello mismo presente), de ello nada sabemos y, sin embargo, eso sí lo sabemos, que moriremos.

La cosa tiene, pues, algo de paradoja. Pero a todo esto ¿cómo podemos saber que moriremos? Es lo que nos hemos preguntado a continuación. Se nos han ofrecido entonces varias respuestas. La primera: lo sabríamos a partir de que antes que nada sabemos que los hombres han muerto siempre. Pero entonces nos hemos dado cuenta de que eso que sabemos es, más bien, que todos los hombres que ha habido han muerto, y como “que ha habido” quiere decir “que han pasado”, eso que sabemos es que todos los hombres que han muerto han muerto. Y saber eso ¿es saber algo? Es decir: Ciertamente, parece que la proposición escrita en cursiva es “verdadera”, pero ¿de verdad lo es?

El profesor ha hecho notar que, para poder ser verdadero o falso, todo decir ha de ser dual, ha de tener dos lados. Así, “la pizarra es verde”, que es verdad, tiene, por un lado, “la pizarra”, y, por otro, “es verde”. En cambio, si dijéramos
“la pizarra es la pizarra”, y aunque en cierto modo se puede decir que es verdad, no acabamos de tener dos lados, porque el primero, “la pizarra”, ya “es la pizarra”, con lo cual, al poner eso mismo como segundo lado, en realidad estamos haciendo trampa, colando como segundo otra vez el primero. No llegamos a salir del sujeto: no decimos nada. (Otra manera de ver que verdad lo que se dice verdad no es, es darse cuenta de que algo así jamás podría, ni en pensamiento, ser falso. Y si jamás podría, ni en pensamiento, ser falso, ¿a qué se opone su presunta verdad? Y si no se opone a nada, ¿en qué se nota que es verdad? (Del mismo modo que un día que no fuera un mantenerse frente a la noche tampoco sería día, o que si no estuviera la posibilidad de la guerra tampoco la paz sería propiamente paz.))

Se ha sugerido entonces que sabríamos que vamos a morir porque sabemos de gente de nuestro alrededor que muere. Para el pensamiento corriente, no filosófico, que no necesita considerar las cosas más que aproximadamente, eso puede valer, pero, mirado con un poco más de detención (es decir: de filosofía), ¿qué es eso de “gente de nuestro alrededor que muere” más que: que Fulanito de Tal el otro día (en el pasado, por lo tanto) murió, y lo mismo Zutanita de Cual, etcétera? Es decir: volvemos a estar en el caso anterior, en el que no decimos nada. (Y, por último, parece pertinente preguntarse: ¿Es válido el razonamiento “Todos los hombres del pasado han muerto. Luego también en el futuro los hombres morirán.”?)


[1] O, para decirlo con un palabro un tanto pedante, “es la corriente la más fenomenológica”.
[2] Por cierto, la etimología de esa palabra tiene mucho interés filosófico. Algún día podríamos verla.
[3] Es decir, nadie ha visto nada futuro en tanto que futuro, pues si lo viera, se le habría presentado y le sería por ello mismo presente.

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