lunes, 23 de octubre de 2017

(Tr. filos. gr.) Traducción del diálogo Sócrates-Zenón en el "Parménides" de Platón

De modo que Sócrates[1], al acabar de escuchar, pidió que se volviera a leer la primera propuesta[2] del primer decir, y en cuanto se hubo leído dijo: (127e) –¿En qué sentido dices esto, Zenón? ¿Si las cosas son muchas, que, por lo tanto, deben ser semejantes y desemejantes, y que eso, claro está, es imposible? ¿Pues ni lo desemejante podría ser semejante ni lo semejante desemejante? ¿No es eso lo que quieres decir?
–Eso es –que dijo Zenón[3].
–¿No es cierto, entonces, que, si es imposible que lo desemejante sea semejante y lo semejante desemejante, imposible es también que haya muchas cosas? Pues si hubiera muchas, les pasaría lo imposible. ¿Es ése, pues, el sentido de tus decires, no otro que mantener, contra todo lo que suele decirse, que no hay muchas cosas? ¿Y de eso mismo crees que es prueba cada uno de los decires, de modo que consideras que tantas pruebas ofreces de que no hay muchas cosas cuantos decires has escrito? (128a) ¿Es eso lo que quieres decir o yo no lo entiendo bien?
–No –que dijo Zenón–, que perfectamente has entendido el sentido de todo el escrito.
–Entiendo, Parménides –que dijo Socrates–, que Zenón, aquí, no sólo quiere hacerse íntimo tuyo por lo demás que en amistad os une, sino también por el libro, porque ha escrito lo mismo en cierto modo que tú, pero cambiándolo intenta engañarnos como si dijera otra cosa. Pues tú en tus poemas afirmas que uno es el (128b) todo, y de ello ofreces pruebas en hermosa y excelente manera, y él por su parte niega que sean muchos[4], y pruebas ofrece también él muchísimas y bien grandes. Conque que el uno afirme “uno” y el otro niegue “muchos”, y así cada uno de los dos hable de modo que parezca que nada ha dicho de lo mismo, cuando poco más o menos lo mismo decís..., parece que a los demás todo lo que decís nos queda demasiado elevado.
–Sí, Sócrates –que dijo Zenón–, pero el caso es que no has percibido del todo la verdad[5] del escrito. Y eso que, (128c) como los perros laconios, bien persigues y rastreas lo dicho. Pero primero se te escapa[6] esto, que de ningún modo se da tanta importancia el escrito que se escribiera pensando lo que tú dices pero simulando ante la gente que estaba realizando alguna gran cosa. Sino que tú has mencionado un mero resultado[7], mientras que en verdad es este escrito una especie de socorro prestado al decir de Parménides contra los que intentan (128d) hacer burla de él diciendo que si “uno” es[8], resulta[9] que le pasan al decir muchas ridiculeces, y contrarias a él mismo. Contradice, pues, este escrito a quienes dicen lo mucho[10] y les paga con otro tanto y más, queriendo poner de manifiesto que ridiculeces aún más grandes pasaría su suposición, “si es [hay] mucho”[11], que la de que el uno es [o lo hay], si la recorriera uno adecuadamente. Con esas ganas de pelea, pues, lo escribí siendo joven, y alguien me lo robó cuando estuvo escrito, de modo que ni hubo lugar a deliberar (128e) si había que sacarlo a luz o no. Por eso, pues, se te escapa[12], Sócrates, porque no crees que se ha escrito con las ganas de pelea de un joven, sino con el deseo de honores de un viejo. Por lo demás, como he dicho, no lo has conjeturado mal.
            –Acepto tu explicación –que dijo Sócrates– y estimo que es como dices. Pero dime lo siguiente: ¿No consideras que hay (129a) una especie de aspecto[13] en sí mismo de la semejanza, y de ella a su vez otra cosa contraria, aquello que es desemejante? ¿Y que de ésos, que son dos, participamos tanto tú como yo y las otras cosas que, en fin, llamamos muchas, y las que participan de la semejanza se hacen semejantes en el respecto en el que y en cuanto participen, y las que de la desemejanza desemejantes, y las que de las dos de las dos clases? Pero si todas las cosas participan de los dos, que son contrarios, y son, por el participar de ambos, semejantes y desemejantes ellas (129b) entre sí, ¿qué tiene eso de admirable[14]? Pues si, en primer lugar, lo semejante mismo mostrara[15] uno que se hacía desemejante o lo desemejante semejante, un portento sería, creo yo. Pero si lo que participa de estos dos muestra que se encuentra de las dos maneras, a mí no me parece, Ζenón, que sea nada extraño, ni aun si muestra alguien que todo es uno por participar del uno y eso mismo muchos por participar también de la multiplicidad. Pero si lo que es “uno”, eso mismo, va a mostrarlo[16] como muchos, y a su vez a los muchos, en fin, como (129c) uno, de eso ya me admiraré. Y todo lo demás, lo mismo. Si los géneros y aspectos en sí mismos mostrara que se encuentran en esos estados contrarios, digno de admirar sería, pero si alguien va a mostrar[17] que soy uno y muchos, ¿qué tiene de admirable, diciendo, cuando quiera mostrar que muchos, que una cosa es lo que tengo en mi lado derecho, otra lo que en el izquierdo, y una lo de delante, otra lo de detrás, y del mismo modo lo de arriba y lo de abajo? Pues participo, creo yo, de multiplicidad. Y cuando uno, dirá que, (129d) siendo siete nosotros, uno soy yo, hombre, participando también del uno; de modo que las dos cosas las muestra verdaderas. Conque si alguien intenta mostrar como muchas y una, siendo las mismas, tales cosas como piedras y leños y cosas por el estilo, diremos que las muestra[18] como muchas y una, y no el uno como muchos ni los muchos como uno, ni que dice algo admirable, sino justo lo que del mismo modo diríamos todos, pero si, lo que ahora decía yo, lo primero separa aparte los aspectos en sí mismos, como semejanza y desemejanza y multitud (129e) y “uno” y estancia y movimiento y todas esas cosas, y luego muestra que esas cosas en sí mismas son capaces de combinarse y discernirse, me admiraría yo, Zenón –dijo[19]–, cosa de maravilla[20]. Así que todo esto bien valientemente[21] considero que se ha tratado, pero, como digo, mucho más me admiraría[22] si pudiera uno, esta misma aporía, trenzada de mil maneras en los aspectos mismos, (130a) así como la habéis recorrido en lo visible, así también mostrarla[23] en lo captable por cuenta[24].



[1] O más bien: “Que Sócrates, pues, ...”, dado que se trata de construcción de acusativo con infinitivo, dependiente de un sobrentendido verbo de decir.
[2] La palabra griega es hypóthesis. Volveremos sobre esto.
[3]Que dijo Zenón”, pues en griego tenemos phánai tòn Zénona, acusativo con infinitivo, construcción dependiente de un sobrentendido verbo de decir. Casos semejntes se repetirán a cada paso y no los indicaremos más.

[4] O bien “niega que haya muchos” (ou pollà phesin eînai).
[5] alétheia, ciertamente “verdad”, pero, por formación de palabras (a-leth...), “ausencia de permanecer-oculto”, “ausencia de escabullirse-o-escaparse” (a partir del verbo lanthánein o léthein, “permanecer oculto”, “pasar desapercibido”).
[6] lanthánei, del verbo lanthánein: ver nota precedente.
[7] “Algo accesorio”, pero literalmente tôn symbebekóton ti, siendo symbebekóton una forma del participio de perfecto del verbo symbaínein, que entre otras cosas significa “resultar” y vuelve a salir más abajo con ese sentido.
[8] O “si es uno” o “si hay uno” (ei hén esti).
[9] symbaínei, presente de indicativo del verbo symbaínein: ver nota 6.
[10] tà pollá es “las muchas cosas”, “lo mucho” (mejor esto último, pues como “plural” neutro que es, cuando es sujeto rige verbo en singular): carece del sentido directamente abstracto que tendría “la multiplicidad”.
[11] ei pollá estin, “si es/hay mucho”, “si mucho es”, “si son/hay muchas cosas”.
[12] De nuevo lanthánei (ver nota 5).
[13] eîdos, lo mismo que idéa, se relaciona sincrónicamente, por formación de palabras, con el verbo ideîn, que significa “ver”; de ahí que lo traduzcamos por “aspecto” (como idéa por “figura”), pero 1) tienen connotación de belleza (cf. Hdt. 1, 199.5: eídeos epamménai, “dotadas de belleza”), y 2) ese “ver” es el de “¿pero no ves que ...?”: lo “visto” es sencillamente lo que hay, y eîdos e idéa no dejan de significar algo así como “modo de ser” o “presencia”.
[14] thaumastón, adjetivo verbal de thaumázein, “admirar(se)”.
[15] apéphainen, del verbo apophaínein: así mientras no lo hagamos notar.
[16] apodeíxei, del verbo apodeiknúnai.
[17] De nuevo apodeíxei, de apodeiknúnai.
[18] De nuevo el verbo apodeiknúnai.
[19] Ese “dijo” (éphe y no phánai, “que dijo”: cf. nota a 127e) perfora el doble encuadre narrativo: no hay más remedio que atribuirlo directamente a Céfalo, como si estuviera presente en aquel diálogo de Sócrates, Zenón y Parménides.
[20] Lo que hemos traducido por “me admiraría” ya no es, como hasta ahora, del verbo thaumázein, sino del verbo ágasthai; de thaumázein deriva, en cambio, lo que hemos traducido por “cosa de maravilla”: thaumastôs, que literalmente es algo así como “admirablemente”.
[21] andreíos: cf. andrikôs, “virilmente”, aplicado por Sócrates en el “Fedón” (103b1) a la intervención de alguien que cree que se está hablando de cosas cuando se habla de eíde.
[22] De nuevo de ágasthai.
[23] Esta vez es epideîxai, del verbo epideiknúnai.
[24] “Cuenta” (cálculo, razonamiento) intenta traducir logismós, nomen actionis del verbo logízesthai, “contar, calcular”, de lógos.

(Trad. filos. gr.) Traducción del comienzo del relato de Antifonte en el "Parménides" de Platón

Dijo, pues, Antifonte que decía Pitodoro que llegaron una vez para las Grandes Panateneas (127b) Zenón y Parménides. Que Parménides, pues, era ya de avanzada edad[1], muy canoso, de noble y hermosa apariencia, de unos sesentaycinco años; y Zenón era entonces de cerca de cuarenta, alto y bien parecido, y se decía que había llegado a ser mancebillo de Parménides. Se hospedaron, dijo, en casa de (127c) Pitodoro, fuera de la muralla, en el Cerámico, y hasta allí llegaron Sócrates y otros muchos con él, deseosos de oir el escrito de Zenón, pues entonces habría sido por vez primera introducido por ellos. Sócrates era entonces muy joven[2]. Conque a éstos se lo leyó Zenón mismo, pero Parménides estaba entonces fuera. Y era ya muy poco lo que de los decires quedaba por leer, decía Pitodoro[3], cuando (127d) de fuera llegaron él mismo y con él Parménides y Aristóteles, el que llegó a ser de los Treinta, y todavía oyeron un poco del escrito. No fue por cierto su caso, que ya antes había oído a Zenón.



[1] Siendo en griego la oración precedente literalmente algo como “Dijo, pues, Antifonte decir Pitodoro [ac.] que llegaron una vez...” (en cursiva, construcción de acusativo con infinitivo, normal con verbos de decir), aquella a la que se refiere esta nota la habríamos de representar, por la misma convención, como “Parménides [ac.], pues, ser ya de avanzada edad”, igualmente en construcción de acusativo con infinitivo; así, el “que” de “que Parménides” ha de situarse, no al nivel del de “que llegaron”, sino del de “que decía Pitodoro”, como si Antifonte hablara directamente de lo sucedido cincuenta o sesenta años antes.
[2] Dado que Sócrates nació en 469 y las Grandes Panateneas tenían lugar cada cuatro años, puede tratarse de las que se celebraron en 449.
[3] Literalemente “decía” (éphe), no “decir” (phánai), y “Pitodoro” en nominativo: ahora es Céfalo el que se refiere directamente al decir de Pitodoro.

(Trad. filos. gr.) Traducción de la introducción al "Parménides" de Platón

126a)  Cuando a Atenas llegamos de nuestra patria, Clazómenas, en el ágora encontramos a Adimanto y a Glaucón[1]. Y dijo Adimanto, dándome la mano:
–Bienvenido, Céfalo[2]; si algo te hace falta que de nosotros dependa, dilo.
–Pues por eso mismo estoy aquí –dije yo–, para pediros algo.
–No tienes más que decir de qué se trata –dijo.
(126b)  Y dije yo: –El hermano vuestro por parte de madre ¿cómo se llamaba?[3] No me puedo acordar. Era casi un niño cuando la otra vez estuve aquí viniendo de Clazómenas, y hace ya mucho tiempo de eso. Porque el padre se llamaba, creo, Pirilampes[4].
–Así es, y él Antifonte –dijo–. Pero ¿por qué lo preguntas?
–Éstos –dije yo– son compatriotas míos, muy amigos de filosofías, y han oído que este Antifonte tuvo muchos encuentros con cierto Pitodoro, seguidor de Zenón[5], (126c) y los decires con los que un día dialogaron Sócrates, Zenón y Parménides[6], los ha oído muchas veces de Pitodoro y los sabe de memoria.
–Es verdad –dijo.
–Pues ésos son los que pedimos escuchar –dije yo.
–Ninguna dificultad hay –dijo–, pues de muchacho los estudió mucho, aunque, lo que es ahora, como su abuelo del mismo nombre, a lo que sobre todo se dedica es a los caballos. Pero, si quieres, vayamos a verlo. Pues ahora mismo se ha ido de aquí a su casa, y vive aquí cerca, en Mélita.
127a)  Dicho esto nos pusimos en camino, y encontramos a Antifonte en su casa, entregando al herrero un freno a reparar. En cuanto estuvo libre y sus hermanos le dijeron a qué veníamos, me reconoció de la precedente visita y me saludó, y al pedirle nosotros que expusiera los decires, al principio se resistía, porque era según decía mucho quehacer, pero luego accedió a referirlos.


[1] Hermanos mayores de Platón, principales interlocutores de Sócrates en la “República”.
[2] El nombre Céfalo hace pensar en el personaje en casa del cual tiene lugar el diálogo de la “República”, pero se trata de otro.
[3] Perictione tuvo de Aristón a Adimanto, Glaucón, Platón (hacia 428/7 a.C.) y Potone.
[4] Nacido hacia 480 a.C., segundo marido de Perictione. Se le pierde la pista a partir del momento en que, en 425, es herido en Delión y cae prisionero de los beocios.
[5] Pitodoro se hizo “sabio y reputado” tras seguir con Zenón un curso de estudios de cien minas (Alc. I 119a); arconte en 432/1, estratego en 426/5. A Zenón Aristóteles lo presenta en un diálogo perdido como “el primer descubridor” de la dialéctica o arte del diálogo (29 A10 y A1 DK).
[6] A su encuentro con Parménides se refiere Sócrates en Teet. 183e, Sof. 217c.