De
modo que Sócrates[1], al acabar de escuchar,
pidió que se volviera a leer la primera propuesta[2] del
primer decir, y en cuanto se hubo leído dijo: (127e) –¿En qué sentido dices esto,
Zenón? ¿Si las cosas son muchas, que, por lo tanto, deben ser semejantes y
desemejantes, y que eso, claro está, es imposible? ¿Pues ni lo desemejante
podría ser semejante ni lo semejante desemejante? ¿No es eso lo que quieres
decir?
–Eso es –que dijo Zenón[3].
–¿No es cierto, entonces, que, si es imposible que lo
desemejante sea semejante y lo semejante desemejante, imposible es también que
haya muchas cosas? Pues si hubiera muchas, les pasaría lo imposible. ¿Es ése, pues,
el sentido de tus decires, no otro que mantener, contra todo lo que suele
decirse, que no hay muchas cosas? ¿Y de eso mismo crees que es prueba cada uno
de los decires, de modo que consideras que tantas pruebas ofreces de que no hay
muchas cosas cuantos decires has escrito? (128a) ¿Es eso lo que quieres decir o
yo no lo entiendo bien?
–No –que dijo Zenón–, que perfectamente has entendido
el sentido de todo el escrito.
–Entiendo, Parménides –que dijo Socrates–, que Zenón,
aquí, no sólo quiere hacerse íntimo tuyo por lo demás que en amistad os une,
sino también por el libro, porque ha escrito lo mismo en cierto modo que tú,
pero cambiándolo intenta engañarnos como si dijera otra cosa. Pues tú en tus
poemas afirmas que uno es el (128b) todo, y de ello ofreces pruebas en hermosa y
excelente manera, y él por su parte niega que sean muchos[4], y
pruebas ofrece también él muchísimas y bien grandes. Conque que el uno afirme “uno”
y el otro niegue “muchos”, y así cada uno de los dos hable de modo que parezca
que nada ha dicho de lo mismo, cuando poco más o menos lo mismo decís...,
parece que a los demás todo lo que decís nos queda demasiado elevado.
–Sí, Sócrates –que dijo Zenón–, pero el caso es que no
has percibido del todo la verdad[5] del
escrito. Y eso que, (128c) como los perros laconios, bien persigues y rastreas
lo dicho. Pero primero se te escapa[6] esto,
que de ningún modo se da tanta importancia el escrito que se escribiera
pensando lo que tú dices pero simulando ante la gente que estaba realizando
alguna gran cosa. Sino que tú has mencionado un mero resultado[7],
mientras que en verdad es este escrito una especie de socorro prestado al decir
de Parménides contra los que intentan (128d) hacer burla de él diciendo que si “uno” es[8],
resulta[9] que
le pasan al decir muchas ridiculeces, y contrarias a él mismo. Contradice,
pues, este escrito a quienes dicen lo mucho[10] y
les paga con otro tanto y más, queriendo poner de manifiesto que ridiculeces
aún más grandes pasaría su suposición, “si es [hay] mucho”[11], que
la de que el uno es [o lo hay], si la recorriera uno adecuadamente. Con esas
ganas de pelea, pues, lo escribí siendo joven, y alguien me lo robó cuando
estuvo escrito, de modo que ni hubo lugar a deliberar (128e) si había
que sacarlo a luz o no. Por eso, pues, se te escapa[12], Sócrates,
porque no crees que se ha escrito con las ganas de pelea de un joven, sino con
el deseo de honores de un viejo. Por lo demás, como he dicho, no lo has
conjeturado mal.
–Acepto tu explicación –que dijo
Sócrates– y estimo que es como dices. Pero dime lo siguiente: ¿No consideras
que hay (129a) una especie de aspecto[13] en
sí mismo de la semejanza, y de ella a su vez otra cosa contraria, aquello que es desemejante? ¿Y que de ésos, que son
dos, participamos tanto tú como yo y las otras cosas que, en fin, llamamos muchas,
y las que participan de la semejanza se hacen semejantes en el respecto en el
que y en cuanto participen, y las que de la desemejanza desemejantes, y las que
de las dos de las dos clases? Pero si todas las cosas participan de los dos,
que son contrarios, y son, por el participar de ambos, semejantes y
desemejantes ellas (129b) entre sí, ¿qué tiene eso de admirable[14]? Pues
si, en primer lugar, lo semejante mismo mostrara[15] uno
que se hacía desemejante o lo desemejante semejante, un portento sería, creo
yo. Pero si lo que participa de estos dos muestra que se encuentra de las dos
maneras, a mí no me parece, Ζenón, que sea nada extraño, ni aun si muestra
alguien que todo es uno por participar del uno y eso mismo muchos por
participar también de la multiplicidad. Pero si lo que es “uno”, eso mismo, va a mostrarlo[16] como
muchos, y a su vez a los muchos, en fin, como (129c) uno, de eso ya me admiraré.
Y todo lo demás, lo mismo. Si los géneros y aspectos en sí mismos mostrara que
se encuentran en esos estados contrarios, digno de admirar sería, pero si
alguien va a mostrar[17] que
soy uno y muchos, ¿qué tiene de admirable, diciendo, cuando quiera mostrar que muchos,
que una cosa es lo que tengo en mi lado derecho, otra lo que en el izquierdo, y
una lo de delante, otra lo de detrás, y del mismo modo lo de arriba y lo de
abajo? Pues participo, creo yo, de multiplicidad. Y cuando uno, dirá que, (129d) siendo
siete nosotros, uno soy yo, hombre, participando también del uno; de modo que
las dos cosas las muestra verdaderas. Conque si alguien intenta mostrar como
muchas y una, siendo las mismas, tales cosas como piedras y leños y cosas por
el estilo, diremos que las muestra[18] como
muchas y una, y no el uno como muchos ni los muchos como uno, ni que dice algo
admirable, sino justo lo que del mismo modo diríamos todos, pero si, lo que ahora decía yo, lo
primero separa aparte los aspectos en sí mismos, como semejanza y desemejanza y
multitud (129e) y “uno” y estancia y movimiento y todas esas cosas,
y luego muestra que esas cosas en sí mismas son capaces de combinarse y discernirse,
me admiraría yo, Zenón –dijo[19]–,
cosa de maravilla[20]. Así
que todo esto bien valientemente[21]
considero que se ha tratado, pero, como digo, mucho más me admiraría[22] si pudiera
uno, esta misma aporía, trenzada de mil maneras en los aspectos mismos, (130a)
así como la habéis recorrido en lo visible, así también mostrarla[23] en
lo captable por cuenta[24].
[1] O más
bien: “Que Sócrates, pues, ...”, dado
que se trata de construcción de acusativo con infinitivo, dependiente de un
sobrentendido verbo de decir.
[2] La palabra griega es hypóthesis. Volveremos sobre esto.
[3] “Que dijo Zenón”, pues en griego tenemos phánai tòn Zénona, acusativo con
infinitivo, construcción dependiente de un sobrentendido verbo de decir. Casos
semejntes se repetirán a cada paso y no los indicaremos más.
[4] O bien “niega que haya
muchos” (ou pollà phesin eînai).
[5] alétheia, ciertamente “verdad”, pero,
por formación de palabras (a-leth...),
“ausencia de permanecer-oculto”, “ausencia de escabullirse-o-escaparse” (a
partir del verbo lanthánein o léthein, “permanecer oculto”, “pasar
desapercibido”).
[6] lanthánei, del verbo lanthánein:
ver nota precedente.
[7] “Algo
accesorio”, pero literalmente tôn
symbebekóton ti, siendo symbebekóton
una forma del participio de perfecto del verbo symbaínein, que entre otras cosas significa “resultar” y vuelve a
salir más abajo con ese sentido.
[8] O “si es uno” o “si hay
uno” (ei hén esti).
[9] symbaínei, presente de indicativo del verbo symbaínein: ver nota 6.
[10] tà pollá es “las muchas cosas”, “lo
mucho” (mejor esto último, pues como “plural” neutro que es, cuando es sujeto
rige verbo en singular): carece del sentido directamente abstracto que tendría
“la multiplicidad”.
[11] ei pollá estin, “si es/hay mucho”, “si mucho es”, “si son/hay
muchas cosas”.
[12] De nuevo lanthánei (ver nota 5).
[13] eîdos, lo mismo que idéa, se relaciona sincrónicamente, por formación de palabras, con
el verbo ideîn, que significa “ver”;
de ahí que lo traduzcamos por “aspecto” (como idéa por “figura”), pero 1) tienen connotación de belleza (cf. Hdt.
1, 199.5: eídeos epamménai, “dotadas
de belleza”), y 2) ese “ver” es el de “¿pero no ves que ...?”: lo “visto” es
sencillamente lo que hay, y eîdos e idéa no dejan de significar algo así
como “modo de ser” o “presencia”.
[14] thaumastón, adjetivo verbal de thaumázein,
“admirar(se)”.
[15] apéphainen, del verbo apophaínein:
así mientras no lo hagamos notar.
[16] apodeíxei, del verbo apodeiknúnai.
[17] De nuevo apodeíxei, de apodeiknúnai.
[18] De nuevo el verbo apodeiknúnai.
[19] Ese
“dijo” (éphe y no phánai, “que dijo”: cf. nota a 127e)
perfora el doble encuadre narrativo: no hay más remedio que atribuirlo
directamente a Céfalo, como si estuviera presente en aquel diálogo de Sócrates,
Zenón y Parménides.
[20] Lo
que hemos traducido por “me admiraría” ya no es, como hasta ahora, del verbo thaumázein, sino del verbo ágasthai; de thaumázein deriva, en cambio, lo que hemos traducido por “cosa de
maravilla”: thaumastôs, que
literalmente es algo así como “admirablemente”.
[21] andreíos: cf. andrikôs, “virilmente”, aplicado por Sócrates en el “Fedón” (103b1)
a la intervención de alguien que cree que se está hablando de cosas cuando se
habla de eíde.
[22] De nuevo de ágasthai.
[23] Esta vez es epideîxai, del verbo epideiknúnai.
[24]
“Cuenta” (cálculo, razonamiento) intenta traducir logismós, nomen actionis
del verbo logízesthai, “contar,
calcular”, de lógos.