En un vagón del metro, no puedo evitar volverme una y otra vez: Esos ojos, esas mejillas, esa boca... A veces el velo con el que algunas árabes o musulmanas se tapan el cabello no parece tener otra función que obligarnos a reconocer que toda la hermosura del mundo puede caber ahí, en la combinación de unos ojos, unas mejillas, una boca.
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