A qué se deberá que a
los ciudadanos españoles ya se nos deje meter la papeleta en la urna por
nuestra propia mano? Cosa tan elemental se nos vino impidiendo hasta más de
treinta años después de la llamada Transición: Elección tras elección se nos
hacía entregar al presidente de la mesa la papeleta elegida para que fuer él quien la
depositara en la urna. Y cuando por la televisión veíamos, ante los fotógrafos,
votar a los líderes de los partidos, ¡oh maravilla!: lo que veíamos era que
ellos sí, ellos metían la papeleta por propia mano. Pero, como digo, ahora a
nosotros también nos dejan: Visto y demostrado que en este curioso régimen no
sirven las elecciones para decidir nada, han perdido las urnas todo halo
pecaminoso, “peligroso”, como de las películas se decía antes: son ya “toleradas
para menores”.
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