martes, 24 de mayo de 2016

(Int. filos. gr.) Lo esencial de la ponencia "Segunda navegación: diálogo socrático"


           Nos encaramos con “Fedón” 99c-102a (en principio “exposición de la segunda navegación”) y reconocemos como su bisagra, alrededor de la cual se produce el vuelco fundamental, el tramo que en 101d va de ekhómenos a diaphoneî: Cuando en un texto nos aparece la palabra hypóthesis designando lo que el mismo texto llama la asunción ingenua o la asunción de la causa ingenua, y esa misma palabra vuelve a presentarse en la frase siguiente de tal manera que por sintaxis no le queda más remedio que referirse a lo mismo, a la vez que, por el contenido de lo que ahora de la hypóthesis se dice, precisamente a lo que ahora no puede referirse es a la asunción ingenua, una elemental honradez hermeneútica nos hace reconocer que lo que el texto está diciendo es que la asunción ingenua se ha trasformado en otra cosa. ¿En qué puede trasformarse la asunción ingenua? Se trataba de la asunción de que la cosa es lo que es en virtud del eîdos del que participe –esto es caballo o es número o es casa en virtud de aquello en lo que consista ser caballo o ser número o ser casa, respectivamente–: sobre esto la exposición insiste una y otra vez, machaconamente, tanto que da la impresión de que sobre ello –de 100c a 101c: más de la mitad del espacio que tiene a su disposición– está detenida. Esa insistencia nos está diciendo ante todo que el corazón de la segunda navegación es la asunción de la causa ingenua: se trata de hacerse cargo de ella con todas las consecuencias y caiga quien caiga. Pero justamente eso de que lo bello es bello por el ser bello y lo grande grande por el ser grande y lo pequeño pequeño por el ser pequeño podría ser una coartada, un truco para dar la impresión de que uno ha resuelto la cuestión de la causa y así, lejos de asumirla, librarse de ella. Por otra parte, antes de aparecer la asunción ingenua se nos había dicho que la “segunda navegación” era “en busca de la causa”, y en todo lo dicho hasta 101c inclusive -incluso en el tramo que parece apuntarnos al corazón de la empresa– no hay referencia a ninguna busca. Por las dos partes es claro que asumir la causa ingenua no puede reducirse a enunciarla una y otra vez. Se trata de asumir, digamos, que lo bello es bello en virtud de aquello en lo que consista ser bello. ¿Cómo asegurarse de que lo estamos asumiendo? La respuesta es obvia: Preguntándonos en serio en qué consiste ser bello y, como nos lo preguntamos en serio, ensayando respuestas a la pregunta: “Ser bello es ...”. Pues bien: en cada una de esas respuestas “ser bello”, el eîdos, es lo tematizado: Aristóteles diría que es el hypokeímenon, y seguimos a Martínez Marzoa al observar que no hace falta esperar a Aristóteles para que hypotíthesthai signifique “tematizar” y podamos decir que aquí estamos haciendo del eîdos una “tematización”, hypóthesis, pues precisamente por eso cada una de las propuestas de definición del eîdos en un diálogo socrático se llama hypóthesis. Es decir: la asunción ingenua tiene que transformarse en otra cosa porque, para que la hypóthesis (“asunción”) del eîdos de verdad lo sea, tendrá que ser hypóthesis (“tematización”, “propuesta de definición”) del eîdos. Así logramos leer como brevísima descripción del proceder del diálogo socrático el tramo que va de ei dé tis autês tês hypothéseos ékhoito a héos epí ti hikanòn élthois (101d-e), y ahora sí que la empresa hace honor a su nombre: “segunda navegación en busca de la causa”.

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