Bueno, pero
con eso no descubrimos nada: Es la conocida miseria de la gramática normativa, ésa
que, por querer, por ejemplo, corregir a aquellos pedantes que hace unos años
empezaban a hablar en lo que les debía de parecer francés (y por lo tanto más
fino), y a decir “te comunico de que...” y “le dijeron de que...”, de tanto
corregirlos, lo que al final ha conseguido es que ahora, no sólo Mapfre “informa
que...”: más de un millón de páginas de internete se obtienen en el más notorio buscador invocando esas palabras. O, por querer evitar que escribamos “escusa”,
“esportar”, “estraño” (palabra que, por cierto, en el Siglo de Oro todo el
mundo escribía así), lo que consigue es que, a gente por otra parte
alfabetizada y culta, en el momento menos pensado se les escapen cosas como “expléndido”
(cf. cierto escrito de Azaña), “inexcrutable” (cf. una carta al director en El
Periódico de Aragón del 23.3.2017),
“extrambótica” (cf. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiquiatría, Vol. IV, nº 10, 1984, pág. 277), o incluso que en cierta versión de una popular canción, haya quien pronuncie “se extremecía”. Es decir: por querer evitar, según se ve, que escribamos como hablamos (como si tuviera la escritura otra función), lo que consigue es... que hablemos como escribimos (o nosotros nos imaginamos).
“extrambótica” (cf. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiquiatría, Vol. IV, nº 10, 1984, pág. 277), o incluso que en cierta versión de una popular canción, haya quien pronuncie “se extremecía”. Es decir: por querer evitar, según se ve, que escribamos como hablamos (como si tuviera la escritura otra función), lo que consigue es... que hablemos como escribimos (o nosotros nos imaginamos).
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