Mucho suele repetirse que en los diálogos de Platón rige
adecuación entre forma y contenido, que en ellos nada es casual; de lo que aquí
se tratará es de tomarlo en serio a propósito de un elemento formal
aparentemente casual de la conversación inicial del “Fedón” para descubrir en
él una importante indicación sobre el sentido del diálogo.
Ya la mención ἐκείνῃ τῇ ἡμέρᾳ ("aquel día") en la primera línea supone hacer
presente el intervalo entre “aquel día” y el día en curso (que no es necesario
mencionar pues está ya en la propia situación); así comienza una serie de
referencias a intervalos temporales y a trasposición de distancias espaciales
que, podemos decir, domina la conversación introductoria hasta el momento en
que lo que funcione como ocasión de una de esas referencias sea una de las
nociones centrales del diálogo: la muerte. Es en total una serie de diecisiete
elementos[1], de los
que quizá merezca la pena mencionar el penúltimo: en él a la vez la serie se interrumpe[2], se
menciona la muerte y –es la única vez que tal cosa ocurre– figura una palabra
que menciona la distancia o el intervalo mismo: μεταξύ, “entre”: la distancia es el
“entre”[3]. Pues
bien: No es de creer que Platón, que suele al comienzo de los diálogos dejar
asomar de forma aparentemente casual sus temas fundamentales, haya hecho que el
“Fedón” se abra bajo el signo de la distancia porque sí, sin razón alguna. Esa
serie de referencias ¿a qué nos remite?
Podríamos tratar de explicarla por el hecho de que en el
“Fedón” continuamente se está hablando de la muerte como de un viaje. Pero, en
tal caso, ¿no sería redundante? ¿Qué nos podría enseñar que no estuviera ya
contenido en la concepción de la muerte como viaje? Por otra parte, hay en esa
concepción motivos de extrañeza: supone incurrir en la
espacialización de cosas que no son espaciales, comporta un evidente riesgo de
trivialización, tiene el aspecto de poseer un carácter eufemístico poco
concorde con la intención filosófica. Y contrasta con
el final de la “Apología”: por mucho que se evoque la diferencia de auditorio,
¿cómo explicar que en el “Fedón” se esté continuamente obviando una hipótesis,
la de que la muerte sea el nada, que al final de la “Apología” no sólo se toma
perfectamente en serio, sino que es lo único coherente con el carácter
marcadamente apolíneo, délfico, con el que Sócrates aparece en aquel diálogo?[4]/[5]
Pero tal vez, después de todo, la inicial serie de referencias a distancias sí
tenga algo que ver con la concepción de la muerte como un viaje, no para
aludir a ella como a algo esencial, sino más bien para señalarnos desde el
principio a lo que es esencial en ella: la distancia. Pues el hecho de que la
última de las referencias a distancias, sea, en la conversación inicial, una
referencia a la muerte hace que la propia muerte, una de las nociones centrales
del diálogo, quede integrada en el campo de la distancia o remitida a la
distancia, al “entre”. Examinar qué sentido tiene esa remisión requerirá ver a
dónde nos apunta el pasaje en el que se produce esa última referencia de la
serie. Se trata de la intervención de Fedón en 58e1-59b1.
[1]
57a1-2 (ἐκείνῃ τῇ ἡμέρᾳ), 57a7-8, 57a8 (χρόνου συχνοῦ), 57a8-b1, 58a4-5, 58a8, 58a11 (ποτέ), 58a11 (εἰς Κρήτην), 58b3 (εἰς Δῆλον), 58b3 (καὶ νῦν ἔτι ἐξ ἐκείνου), 58b5, 58b7 (εἰς Δῆλον), 58b7 (καὶ πάλιν δεῦρο), 58b8, 58c4 (πολὺς χρόνος), 58c5 (ὁ μεταξὺ τῆς δίκης τε καὶ τοῦ θανάτου), 58e5-59a1,
siempre con la numeración de líneas de la moderna edición de OCT, la de Duke,
Hicken, Nicoll, Robinson y Strachan.
[2] La
distancia (me disculpo por usar ahora esa palabra con una referencia mucho más
pedestre: distancia en líneas de texto) de ahí (58c5) al siguiente y último
elemento de la serie (58e5-59a1) triplicará la mayor de las distancias que hasta ese
momento han separado cualquier par de elementos sucesivos.
[3] Cf.
“lo primario es la distancia, el «entre», la abertura, el límite” (F. Martínez
Marzoa, Historia de la Filosofía Antigua,
Madrid 1995, p. 15; el contexto es un esbozo de la ontología implícita en la
Grecia arcaica y clásica).
[4] Cf.
la última palabra del más apolíneo de los héroes homéricos (cf. Christina
Schefer, Platon und Apollon, Sankt
Augustin 1996, p. 17), el que asume la muerte: la muerte es ausencia de φρένες, no-ser (Od.
11.474 ss.), en el mismo contexto, por cierto, del cual en el momento decisivo
del símil de la caverna se citan los versos Od. 11.489 s. (y se señala así que
en el retorno se asume la muerte como no-ser). Con esto cuadra el que, en la
“Apología”, la posibilidad de que la muerte sea un viaje a un “allá”, aunque
comienza tratándose, al parecer, en serio, acabe adquiriendo un cierto carácter
burlesco (allí “por eso no lo matan a uno”, Ap. 41c4-5); el final “y ya el
tiempo restante son inmortales, si lo que se cuenta es verdad” (Ap. 41c6-7), en
boca de un servidor del dios de Delfos –γνῶθι σεαυτόν... θνητὸν ὄντα, "conócete a tí mismo [o reconócete]... como mortal"–, no puede
tomarse en serio (no puede tener carácter literal)
[5] Al
hacer estas consideraciones no hacemos más que seguir cierta indicación de
lectura: la que se nos hace en la primera página del diálogo cuando en ella
leemos que de “lo del juicio” los oyentes de Fedón sí están enterados. Dado que
nuestro primer deber de lectores será asimilarnos a (ponernos en las mismas
condiciones que) los oyentes del relato en el que se relata “todo”, habremos de
empezar por leer la “Apologia de Sócrates”.
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